El mundo en el que vivimos parece estar en un conflicto perpetuo. Y la psicología y la espiritualidad, a primera vista, son parte de esta dicotomía (a la que parece que estemos ya acostumbrados) entre ‘’buenos’’ y ‘’malos’’.
Desde los años XX, ya la psicología y la religión sostenían una sospecha mutua. Por un lado, para la religión, la psicología reduce todo a conducta. Si algo no puede ser verificado empíricamente bajo los postulados científicos reinantes, se descarta. Por otro, para la psicología oficial basada en la teoría conductista, la religión es un conjunto de mitos y leyendas de una amplia riqueza histórica y sociocultural que encuentra su único sostén en la fe.
Ambos puntos de vista, marcados por un escepticismo recíproco, parecen irreconciliables. No obstante, ya en los años 60, comenzó a surgir un cambio en ambas partes con la irrupción de una tercera fuerza en la psicología: al psicoanálisis y el conductismo se uniría una nueva generación de terapeutas (Carl Rogers, Fritz Perls, etc.), de corte existencialista y humanista, que traerían un novedoso enfoque que trascendía los límites con los que se topaban ambas.
Estos proponían un enfoque en el que el ser humano es algo más que un animal condicionado por el ambiente y su pasado.
Con el paso de los años, la evidencia empírica las ha corroborado con resultados, pasando de alternativa a realidad: las terapias de tercera generación, las predominantes actualmente en psicología, guardan sus raíces en estas.
Consecuentemente, terapeutas y neurocientíficos occidentales han encontrado en tradiciones filosóficas milenarias, que tenían una visión más creativa y espiritual del ser humano, la fuerza motriz e inspiracional para sus investigaciones.
Un buen ejemplo de ello es el trabajo de Jon Kabat Zinn, doctor en biología molecular, y discípulo de los maestros zen Thich Nhat Hanh y Seung Sahn. Este integró la tradición contemplativa Budista con la científica, creando el famoso programa de Reducción del Estrés Basado en la Plena Conciencia (REBAP). A partir de él surgieron otros programas, como la Terapia Cognitiva basada en Mindfulness (MBCT), una opción de garantías para tratar recaídas en trastornos ansiosodepresivos.
Y con esta misma visión holística que respeta ciencia y espiritualidad, cuerpo y mente, nace este programa: estoicismo, hinduismo, budismo zen, la tradición judeocristiana, cábala, etc. Diferentes tradiciones y culturas, mismos valores y principios aunados en una sabiduría que es expresada de diferente forma, y que hoy día, gracias a la neurociencia, podemos corroborar que funciona, para que así sea aplicado en el beneficio de la paz y el bienestar mental de todos.
Yo soy Víctor (formado como psicólogo), y gracias a las experiencias vitales que he vivido, no solo a nivel profesional, sino también personal, puedo corroborar la capacidad de esta visión, de estas prácticas, para transformar los procesos de las personas.
El objetivo del movimiento no es hacerlo bonito y bien, eso se acaba convirtiendo más en una consecuencia de la práctica, por lo que tampoco es necesario.
Se trata de una contemplación, una escucha activa y presente en la que ir descubriéndote cada vez más para saberlo todo acerca de ti mismo, y así poder sacar toda tu esencia.
Con esta terapia puedes utilizar y exprimir la inteligencia que esconde cada parte de tu cuerpo, estando presentes también en mente y emoción, todo junto como unidad que somos de todo nuestro hogar.
Es un proceso de acompañamiento creativo, ya que cuando empieza a dolernos mucho una parte de nuestro cuerpo, esa parte está asociada a una emoción o pensamiento diferente que quizá tengas estancado dentro sin prestarle atención. Y cuanto más tiempo pases sin prestarle la atención que necesita, más dolor aparecerá como forma de señal.
De esta unión entre cuerpo y mente, cielo y tierra, masculino y femenino, ciencia y espiritualidad, damos forma a este programa de cuidado de la salud integral basado en mindfulness y terapia psicocorporal, ‘’Saber Ser’’.
Antecedentes
El programa tiene una estructura similar al programa MBHC (Mindfulness Based Health Care) de Daniel Mendialdua Canales, el cual se fundamente en la síntesis de los enseñanzas zen de Thich Nhat Hanh, y los programas basados en Mindfulness (MBSR y MBCT).
Gracias a la experiencia y enseñanzas de Daniel, el programa se orienta hacia un sentido Rogeriano, poniendo en el poder del grupo su potencial para el cambio; enfatizando las fortalezas y valores de cada individuo, en lugar de los aspectos patológicos. Así, se genera un espacio de apertura a la vulnerabilidad y el respeto incondicional que estímula el crecimiento de cada participante.
Por otro lado, las aportaciones la terapia psicocorporal sensoriomotriz, y las enseñanzas del Yoga-sutra de Patanjali.
Desde el punto de vista de la neurociencia, el programa se ve enriquecido por todo mi recorrido formativo como psicólogo clínico, tanto a nivel de grado como del máster general sanitario. A esto hay que sumarle las aportaciones realizadas como resultado de formaciones realizadas con distintos expertos sobre el tema como son Rick Hanson, Nazareth Castellanos, Immaculata De Vivo, o David del Rosario.
Descripción del programa.
El programa hunde sus raíces en la visión holística del ser humano que propone la psicología humanista, considerándolo como un todo unificado con tendencia hacia su plena realización. Es un todo porque el ser humano es, tanto su condición biológica, como la experiencia que tiene con el entorno, y la relación que nace de esta.
En las últimas décadas, los últimos estudios en ecología y biología a causa del cambio climático nos están llevando a cambiar la conciencia que tenemos sobre nuestro papel en la vida, pasando de entender al humano desde el concepto de individuo (del latín individŭus, ‘’indivisible, no se puede separar más’’), al de Holobionte (del griego antiguo ὅλος, «todos, en unión», y βιὅς, «organismo», «ser vivo,»).
El hombre es un organismo unificado con todo lo que es, imposible de separar. Como parte fundamental de la naturaleza y fractal de la misma, guarda su esencia creativa, de maduración, y expansividad.
De ahí que como humanos andemos en la búsqueda permanente de nosotros mismos, de una totalidad y una conexión más profunda con el propio ser que hemos olvidado. Este estadío de la conciencia humana ha recibido a lo largo de la historia, y sigue recibiendo, diferentes definiciones.
Por ejemplo, Carl Jung hablaba del proceso de individuación de la psique, en el cual el objetivo final de la personalidad es alcanzar un estado de autorrealización.
300 A.C, la filosofía estoica defendía que el objetivo de la vida en sí misma es el de alcanzar la eudaimonía o florecimiento personal.
En el budismo, se habla de la semilla de iluminación que está en todos por igual, esperando a ser despertada.
Este camino de autodescubrimiento era definido por Carl Rogers como ‘’proceso del self’’: el ‘’yo’’ como un sistema de pensamiento vacío de contenido fijo, que cambia constantemente, tal y como señalaban los conceptos budistas de impermanencia y ayoidad.
“Descubre quién eres, pero no te aferres a ninguna definición. Muta las veces que sea necesario para vivir en la totalidad de tu ser”.
Claudio Naranjo.
La neurociencia más actual ha encontrado el correlato neurofisiológico de esta característica fluida de la personalidad, denominándola ‘’neuroplasticidad dependiente de la experiencia’’. Se ha demostrado que el cerebro tiene la capacidad de cambiar su forma en base a las experiencias que vivimos: nuestros hábitos surgen de la activación reiterada y sinérgica de una serie de neuronas, de cuya conexión se establecen carreteras o vías que forman estados mentales, los cuales acaban convirtiéndose en rasgos de la psique. Así, la mente, poco a poco, moldea al cerebro.
La práctica del programa empieza con el hacer consciente que, tal y como señala Jeffrey Schwartz, todos disponemos de la capacidad de la neuroplasticidad autodirigida por medio de la cual, con un buen entrenamiento, podemos regular los estados y contenidos de nuestra mente.
Esto es precisamente lo que nos aporta el cultivo de la plena conciencia: activamos circuitos emocionales antagónicos a los de ataque y huida del sistema nervioso simpático (mente reactiva o cerebro rojo, Rick Hanson) asociados al estrés y la ansiedad. Así, tal y como señala Jaak Pansepp, fortalecemos estas áreas específicas del cerebro para que las emociones y actitudes positivas tengan mayor predominancia en el día a día.
A lomos de esta nueva conciencia, cuando aparezcan estados de sufrimiento, miedo, o ansiedad, como consecuencia de los envites de la vida, tendremos los recursos necesarios para encender los circuitos de autocuidado y juego (mente proactiva o cerebro verde, Rick Hanson), y así relacionarnos con nuestros ‘’demonios’’ de una forma totalmente distinta a como hacíamos hasta ahora.
La alegría, la calma, la autocompasión, la paz interior, frutos de estos nuevos hábitos mentales que regamos, nos permiten, tal y como señala Joseff Ledoux, alterar en positivo el contenido de los recuerdos dolorosos alojados en nuestro inconsciente, los cuales funcionan como fuente de estas desagradables experiencias.
Ledoux y otros neurocientíficos han investigado los procesos de recuperación de la memoria y han descubierto que, desde el momento en que un recuerdo es recuperado (evocación de un suceso), hasta que se vuelve a almacenar en la memoria (reconsolidación), los contenidos entran en una fase lábil y pueden ser alterados, autorremodelados. De hecho, siempre que una memoria es recuperada (evocada), se altera y se reconsolida. En el caso de la rumiación, en un entorno mental negativo (sistemas de miedo, rabia, y pánico, Panksepp) agravando y retroalimentando con nueva información negativa el recuerdo, dando forma a un círculo vicioso que agrava el sufrimiento y su origen.
Por lo tanto, uno de los objetivos del programa es precisamente cuidar estos procesos de reconsolidación, dotando a los participantes de habilidades que les permitan, una vez entendido el proceso, autodirigir sus procesos de reconsolidación, reduciendo su propio sufrimiento, generando bienestar en ellos y su entorno.
A lo largo del programa se practica la generación de estados mentales positivos con la práctica del riego selectivo que realizan Thich Nhat Hanh y Rick Hanson; se cultiva siguiendo los pasos del Anapanasati y Satipatana Sutra (Versión de Thich Nhat Hanh): atención plena, concentración, calma, alegría, felicidad, y visión profunda.
Estos principios se integran con el abordaje psicocorporal (terapia sensoriomotriz, método Hakomi) y una actitud de exploración que nos permiten concienciarnos de esos aspectos más rígidos o incluso desconocidos de nuestra propia personalidad, los cuales acaban plasmándose en el cuerpo en forma de dolencia psicofísica, desconociendo el por qué, o el cómo aliviarlos.
Claro está que nuestro cuerpo guarda numerosos recuerdos, vivencias que ocurren en un momento dado de nuestra vida, pero que, al no gestionarse en ese entonces, se quedan latentes en alguna zona para recordarnos constantemente que tenemos esa cuenta pendiente con nosotros mismos sobre lo que pasó. Hasta que decidimos volver a mirar (con otros ojos) aquello que sucedió.
Lo natural no es sentir dolor. Lo natural es sentir tu cuerpo fluir en cada movimiento, pues el movimiento es vida, y la vida siempre está en movimiento. El movimiento es salud. Si nuestro movimiento no es agradable es porque estamos cargando una mochila de cosas guardadas que ya no nos corresponden, y que hay que soltar para poder volver a sentirnos plenos y en paz.
Para eso se acompaña con esta terapia psicocorporal, donde a través de una mirada creativa (Focusing de Gendlin), encontramos en el cuerpo una vía directa al inconsciente, la cual es mucho más reveladora que los cuentos que a veces nos contamos sobre nuestras vidas.
El objetivo es reencontrarnos con nuestro cuerpo, para esta vez, ya sí, amarlo y escucharlo como se merece, como nos merecemos. Y curar esas heridas ocultas que hacen que nuestro día a día se convierta en una tortura por el dolor que sentimos.
El propósito subyacente es llegar a sentir tu cuerpo libre como una pluma que no pesa, que no duele.
Cada paso, cada abrazo, cada sonrisa, cada caricia… Cada movimiento se convierte en un regalo que nos brinda la vida a través de la experiencia del movimiento. Donde cada uno de estos movimientos se convierten en una danza sutil y sensorial que te hacen amar todos los lugares en los que vives, amar todas las habitaciones de tu templo, amar todas tus circunstancias; amar cada parte de ti dándole la importancia y función que tiene cada una de ellas.
Esta nueva comunicación tiene en la respiración a su mejor aliado, siendo ancla y guía del movimiento. Además, con cada práctica acabarás notando que el cuerpo nunca miente, mientras que la mente te proporciona propuestas neuronales (pensamientos) constantemente (igual que la función del corazón es bombear sangre). Tu cuerpo quiere expresarse a través de ti, mostrándote el camino, la situación, o aquello que sea que la mente está reprimiendo o juzgando.
Para concluir, todo esto se da en un grupo de práctica y facilitación según el modelo Rogeriano, donde se crea un entorno de comprensión, amabilidad, y autocompasión, resultado de haber previamente activados los estados mentales positivos (o cerebro verde). De esta forma se cumplen los factores necesarios para que la reconsolidación sea sanadora, reduciendo la carga negativa, e incluso, favoreciendo una nueva comprensión más amorosa favorecida por la visión profunda de la práctica de la plena conciencia.
En este sentido, la orientación y el entrenamiento en las prácticas budistas (de este programa) que desarrollan la Plena Conciencia (Mindfulness) en la mente y sus contenidos mentales, tanto en el Satipatana Sutra, (Transformación y sanación, Thich Nhat Hanh), y de manera especial en los ejercicios del anapanasatí Sutra (Las enseñanzas del buda, los tres sutras fundamentales Thich Nhat Hanh) permiten al practicante realizar este proceso de una manera natural.
Quiero recordar que estas prácticas concuerdan con los últimos avances de las neurociencias que señalan cómo gracias a la neuroplasticidad dependiente de la experiencia, todos somos capaces, con el entrenamiento adecuado, de redirigir nuestra mente y cuerpo, hacia una vida de bienestar y realización.
Descripción del programa.
“Pueda el Sonido de esta Campana penetrar profundamente en el cosmos. Incluso en los rincones más oscuros”.
Thich Nhat Hanh.
Estos versos del poema ‘’Él canto de la gran campana’’, son parte de la inspiración que da forma al programa ‘’Saber Ser’’. Pues, ¿cómo puede ser posible, que seres que son puro amor, hayan conseguido dejar de amar? Es un logro solo a la altura del humano, capaz de desdibujar la línea de lo imposible, donde un milagro llamado vida, pasa a ser experimentado como sufrimiento sin más opción.
Así, el programa está diseñado para entrar directamente en las zonas más difíciles y dolorosas en el ámbito de la salud: pacientes y procesos oncológicos, Alzheimer, adicciones, trastornos depresivos, etc. Personas que se encuentran en procesos de dificultad, y que, al aplicar la práctica a sus propios procesos de crisis y desarrollo, pueden trasformar estas dificultades en oportunidades de desarrollo y crecimiento personal.
La facilitación adecuada, junto con el compromiso personal por la práctica, y el apoyo que genera el propio grupo, son la base para que el poder de autotransformación y autorregulación consecuencia del estado que genera la plena consciencia se extienda: se recupera la alegría y el sentido propio de la vida, se calma la mente, se disuelven aflicciones, se resuelven situaciones de crisis de forma creativa, etc.
Este milagro forma parte de un proceso de empoderamiento personal ligado al propio desarrollo de este estado mental de plena conciencia, mediante el cual el individuo puede acceder y cultivar con mayor facilidad sus propias cualidades y recursos en el sentido que indica Carl Rogers al hablar de su proceso de ‘’Terapia Centrada en la Persona’’: “El individuo cuenta en su interior con vastos recursos para entenderse y modificar el concepto en que se tiene, sus actitudes, y su conducta consciente”.
O tal y como decía el teólogo y erudito islámico Rumi, nuestra atención no debe ir a la maduración de los frutos, es decir, no debe ir a encontrar la paz en la resolución de todas esas preocupaciones del mundo exterior que parecen nunca llegar a su fin, si no en el cultivo de aquello que da origen al mundo que vemos, pues la fuerza está en la vid, y un sarmiento solo puede dar fruto si por el fluye la fuerza de la vid: lo que hace madurar los frutos es su fuerza, no el esfuerzo de los sarmientos.
‘’Trabaja en el mundo invisible al menos tan duro como haces en el visible’’.
Rumi.
La plena conciencia, así como el apoyo del grupo y el compromiso propio, nos facilitan el acceso y el cultivo de esos vastos recursos, cualidades y fortalezas, que todas las personas poseemos, y que nos permiten generar una actitud positiva para salir de las dificultades, encontrando así nuestro propio camino hacia el bienestar y el de nuestro entorno, incluso inmersos en las mayores dificultades. Éste es, por tanto, el objetivo central del programa: facilitar mediante el estado de la plena conciencia ese proceso de descubrimiento y cultivo de los recursos innatos para que el participante se empodere y desarrolle su viaje del héroe, con sus propios procesos de neuroplasticidad autodirigida hacia la plenitud.
La plena consciencia (Mindfulness), en su sentido más general, es la presencia consciente que todo ser humano puede generar en cualquier instante de la vida y se configura como una de las características básicas de nuestra especie, el Homo Sapiens Sapiens, ‘’el homínido que sabe que sabe’’. Este estado de conciencia de la propia conciencia, de conciencia de la propia vida, momento a momento, no se puede entender como una práctica, ni como un instrumento, y mucho menos, reducir a una técnica terapéutica o paliativa. Es un estado mental propio de la naturaleza humana, patrimonio de todos los seres humanos. Si tuviéramos que definirla en palabras de Thich Nhat Hanh: “La plena Conciencia (Mindfulness) es la energía que nos hace estar plenamente presentes, plenamente vivos en el aquí y en el ahora”
Desde esta comprensión de la plena conciencia, ‘’Saber Ser’’ se inspira en parte en las enseñanzas del maestro Zen Thich Nhat Hanh y, en especial, en las prácticas que se derivan de sus enseñanzas de los textos budistas tradicionales sobre plena conciencia, coincidentes de manera clara con los últimos avances y descubrimientos de la neurociencia que hemos descrito en el anterior apartado.
• Anapanasati Sutta (Las enseñanzas del Buda, los tres sutras fundamentales, Thich Nhat Hanh 2002).
• Satipatana Sutra ( Transformación y Sanación, el sutra de los cuatro fundamentos de la consciencia, Thich Nhat Hanh 1999).
• Así como su interpretación y modos de práctica de la diligencia correcta, el octuple noble sendero (El corazón de las enseñanzas de Buda, El arte de transformar el sufrimiento en paz, alegría y liberación. Thich Nhat Hanh 1998).
• Y las prácticas de comunicación básicas: escucha profunda, habla amorosa y consciente y comenzar de nuevo. Basadas en la práctica del proceso de facilitación rogeriano (Grupos de encuentro. Carl R. Rogers 1973) y en las prácticas de comunicación y reconciliación de la Sangha Plum Village (El arte de cuidar a tu niño interior. Thich Nhat Hanh 2017).
En cuanto al trabajo psicocorporal, ‘’Saber Ser’’ está basado en la filosofía y estilo de vida que nos brinda el yoga y las enseñanzas del maestro Patanjali y Los Yoga Sutras: mente, cuerpo y espíritu, trabajados de forma holística, siendo cada parte de nuestro cuerpo imprescindible para el buen funcionamiento de la totalidad que nos conforma.
Las prácticas extraídas de estas filosofías son concomitantes con lo expuesto hasta ahora sobre plena consciencia y neurociencia, a lo cual hay que añadir la última evidencia científica con relación a la interacción entre cuerpo, dolor, y trauma, basada en las investigaciones de la Dr.Beatrice Beebe: ‘’el lenguaje del cuerpo transmite significados implícitos, y revela el legado del trauma y de las dinámicas olvidadas con las figuras de apego. Olvidar el cuerpo como vía de acción terapéutica es privar al paciente de una vía de acceso vital al autoconocimiento y el cambio’’.
En conclusión, unimos la mirada amable y el tacto de amorosa incondicionalidad con la inteligencia del cuerpo, tomando gestos, expresiones fáciles, posturas, como recursos somáticos para el desarrollo personal.
• Los Yoga Sutras de Patanjali son una compilación de 195 sutras (aforismos) según Vysa y Krishnamacharya. En ellos, la verdad profunda del yoga antiguo permanece oculta durante siglos. Los cuatro capítulos son Samadhi, Sadhana, Vibhuti y Kaivalya.
• Ashtanga yoga es la forma de yoga escogida para el programa: considera un cuerpo flexible y saludable como la base para el desarrollo de la parte espiritual (asana + pranayama + meditación). De aquí surge la abstracción de los ocho pasos del yoga que se desplieguen a lo largo de las semanas.
• La Psicoterapia sensoriomotriz (Pat Ogden y Janina Fisher) enfocándose en 3 pilares: el desarrollo de recursos personales, el enfoque somático de la memoria corporal junto con el restablecimiento de una sana conexión con este; y la exploración de las tendencias emocionales automáticas de nuestras conductas (memoria procedimental y apego).
• La psicoterapia corporal por medio del Focusing (Eugene Gendlin) nos abre un abanico de herramientas a nivel creativo que proporciona un marco libre de expectativas para el despliegue de aquello que el usuario necesite que se exprese en un momento dado.
El programa idealmente consta de dos fases: en un primer momento se pone en marcha el proceso de iniciación, que, con una duración de 8 a 15 semanas según el colectivo, introduce el hábito de la práctica en la vida cotidiana de los participantes. Es un programa netamente experiencial y vivencial en la que los participantes, fruto de su esfuerzo y del apoyo del grupo, empiezan a desarrollar los cambios y cultivar las cualidades que les permitirán desarrollar un nuevo modo de vivir y afrontar las experiencias difíciles por las que transitan.
Una vez concluida esa fase, se contempla la posibilidad de iniciar el proceso de mantenimiento y desarrollo del grupo de práctica. El objetivo de esta fase es consolidar la práctica y facilitar el proceso por el cual la plena conciencia transita de ser un estado mental temporal a un rasgo más o menos permanente de la personalidad y que facultará a los participantes a poder compartir la práctica en el ámbito de la salud, servicios sociales o educación.
Objetivos.
1. Cultivar la consciencia de la respiración para ayudar a unir cuerpo y mente y desarrollar la concentración.
2. Cuidar y escuchar nuestro cuerpo para reducir el estrés y el sufrimiento, así como cualquier dolor, convirtiéndolo en nuestro templo al conseguir vivir en comunicación sana con él.
3. Cultivar el movimiento consciente en nuestra vida diaria.
4. Aprender a cultivar sentimientos de alegría, felicidad y agradecimiento, valorando lo que ya tenemos.
5.Aprender a gestionar emociones y pensamientos difíciles, desde un estado mental positivo para facilitar su transformación.
6. Familiarizarnos con la práctica del comer consciente (Mindful eating) para una vida saludable en un mundo sostenible.
7. Aprender a escuchar y abrazar nuestras emociones intensas, como el miedo, la rabia, la ansiedad, o la desesperación, para que pasen de ser vistas como enemigos, a aliados.
8. Aprender a usar la palabra amable y la escucha compasiva para cuidar de nuestras relaciones y generar sinergias positivas en los grupos.
9. Practicar la autocompasión con nosotros mismos, en el ámbito de la escucha profunda y el habla amable, para establecer una comunicación interior que permita la conexión con nuestras necesidades y aspiraciones más profundas.
10. Trabajar el autoconocimiento, cultivando nuestros valores y fortalezas, no solo por nuestra salud y felicidad, y también por la de nuestras familias y sociedades, como un solo mundo.
11. Observar de forma profunda nuestros hábitos de vida, de consumo, y producción, para aprender a reflexionar como individuos, y plantearnos los cambios que queremos liderar, en coherencia, como la nueva sociedad del mañana que se está cocinando a fuego lento hoy.
12. Convertir el silencio en refugio para que la soledad deje de darnos miedo.
13. Practicar la contemplación como antídoto al juicio, originando así una nueva forma de ver las cosas fundamentada en la máxima ‘’Solo sé que no sé nada’’: me guío desde mi propia intuición, y no desde un pasado que me condiciona en forma de ‘’deberías’’.
14. Recuperar al niño/a y su entusiasmo con la inocencia como esas gafas con las que me miro a mí y al mundo; el juego como una forma de relacionarme con lo que me pasa; y la simplicidad como filosofía de vida que me ayuda a conectar con lo que realmente quiero y necesito.
El Proceso de facilitación: el grupo como espacio de compartir y comprender la experiencia.
‘’No se puede transmitir sabiduría y conocimiento a otra persona.
La semilla ya está ahí.
Un buen maestro toca la semilla, permitiendo que ésta despierte, germine y crezca’’
Thich Nhat Hanh.
El programa ‘’Saber Ser’’ genera en los participantes un ambiente adecuado de facilitación que enriquece sus procesos, ya que pueden expresarse y compartir libremente sus experiencias en un entorno de habla amable y escucha profunda.
Con frecuencia, los participantes desarrollan un proceso de aprendizaje, crecimiento y autodescubrimiento, que se ve ampliamente fortalecido por la dinámica que genera el propio grupo de compartir, y por la práctica del habla amorosa y compasiva que se realiza en el grupo.
En este programa, el proceso de facilitación, así como el proceso grupal (o el recurso de la escritura), como vías de comunicación y comprensión de la propia experiencia, y de la comprensión y aprendizaje de las experiencias vivas de las personas que participan en el grupo, tienen tanto valor como la propia práctica de la plena conciencia y, por supuesto, posee un valor muy superior que los conocimientos que los instructores pueden llegar a transmitir.
El proceso de facilitación y el desarrollo de unas dinámicas grupales adecuadas se basan, fundamentalmente, en las prácticas de compartir el dharma de Plum Village (Manual de Sanghas noveles, pág 18-19). Concuerdan con el trabajo desarrollado por Carl Rogers, y encuentran sus fundamentos neurocientíficos en el mismo. (Grupos de encuentro, Rogers 1973).
Según Rogers, y como hemos podido comprobar: “En un grupo como éste el individuo llega a tener un conocimiento de sí mismo – y de cada uno de los demás – más completo que el que logra en sus relaciones sociales o de trabajo habituales. Puede conocer de manera más profunda a los otros miembros y a su propio ser interior; el ser que, de otro modo, tiende a ocultarse detrás de su fachada. De ahí que en el grupo se relacione mejor con los demás y, más tarde, también en la vida diaria”.
El papel del facilitador, en el grupo de práctica, es fundamentalmente el de no obstaculizar el proceso. En ese sentido, cualquier explicación sobre la práctica es conveniente que surja de la comprensión total de la experiencia propia o de la experiencia de otros miembros del grupo. Sus intervenciones han de estar completamente alejadas de cualquier rol o papel de experto, profesional, gurú o poseedor del conocimiento, que impediría que el grupo genere su propia dinámica.
En ese sentido, el dicho tradicional zen del maestro Linchi (“Si te encuentras a buda, mátalo. Si te encuentras al patriarca, mátalo”) coincide con la propuesta de Carl Rogers sobre el papel y las características que el facilitador ha de desarrollar para que pueda darse el proceso de autoconocimiento y comprensión de los demás que el participante puede alcanzar a lo largo del programa. Un saber, un conocer vivo, basado en su propia experiencia y en la comprensión de las experiencias del otro.
El modelo “pedagógico” que se desarrolla en el grupo parte de la premisa básica de que todos los participantes poseen ya todo el conocimiento, recursos, valores y fortalezas que necesitan para autodirigir su propio proceso. Y es mediante la propia experiencia como el participante toma conciencia de sus propios recursos, desarrolla la capacidad de cultivarlos y usarlos y, gracias a la escucha profunda, aprende y enseña con su experiencia y las experiencias de otros. Es por ello por lo que la práctica y las experiencias que en ella tiene el participante, así como la comprensión de las experiencias compartidas de sus compañeros, son los verdaderos o, quizás, los únicos maestros. El participante como maestro propio y como maestro para los demás, y el grupo como maestro colectivo de la sabiduría compartida.
El principal papel del facilitador es escuchar profundamente, ser él o ella misma, y sumergirse profundamente en ese proceso de autoaprendizaje individual y colectivo; tratar de iluminarlo mediante preguntas que traten de llevar a la conciencia aspectos clave de la experiencia del participante para que sea la misma persona quien ponga en sus palabras, tome conciencia, y enriquezca de esta manera la comprensión de su propia experiencia.
En ese sentido, conviene que cualquier comentario y apreciación más o menos técnica o teórica del facilitador, si fuera necesaria, se incardine y apoye directamente en las experiencias explícitamente expuestas por los participantes, como fruto de la comprensión profunda del facilitador de la experiencia del participante. Cualquier actitud de experto o rol de maestro, profesor, etc. Simplemente abortan este proceso de autodescubrimiento personal y colectivo.
El facilitador, por ello, ha de cultivar o poseer las siguientes características, de manera que pueda transmitir la práctica de una manera vivencial y no teórica:
1º La plena conciencia como rasgo de su personalidad. A lo largo del taller, el participante va desarrollando poco a poco la habilidad de entrar en estados meditativos y de plena conciencia, tanto en la vida cotidiana y en las prácticas informales como en las prácticas formales. Con la práctica, el tiempo, y la facilidad con la que se puede establecer en el estado de plena conciencia, este aumenta; así pues, el fruto de una práctica continuada es convertir los estados de plena conciencia en rasgos de la personalidad. Tal y como señala Vicente Simón:
“Las técnicas neurobiológicas, aplicadas al cerebro que medita, están dejando entrever que la práctica continuada produce cambios cerebrales que permanecen y que los estados mentales producidos se van transformando poco a poco en nuevos rasgos de personalidad’’.
Como ya decía en otro lugar (Simón, 2007): “La concentración de la atención, momento a momento, que al principio exige un esfuerzo considerable (persistir, por ejemplo, en la atención a la respiración, evitando constantemente la intrusión de pensamientos o emociones), con el tiempo se va convirtiendo en un hábito automático que no requiere apenas esfuerzo. Esta transición desde la atención al presente con esfuerzo, a la atención al presente sin esfuerzo, es lo que separa al principiante del meditador experimentado”. Y exactamente eso es lo que es un facilitador del programa ‘’Saber Ser’’, un meditador experimentado mediante una práctica continuada.
2º Por otra parte, para el proceso de facilitación, son de inestimable valor las actitudes Rogerianas básicas, como señala Tomeu Barceló:
“Se han realizado numerosas investigaciones (12) que parecen confirmar el potencial de estas actitudes y se han aplicado en diferentes ámbitos relacionales con un elevado grado de éxito y satisfacción para promover el cambio y el desarrollo personal y social.”
La primera condición actitudinal tiene que ver con la autenticidad, la sinceridad y la congruencia. Cuando el profesor, el educador, o el facilitador, se muestra a sí mismo en la relación, sin esconderse detrás de una máscara psicológica y profesional, existe una mayor posibilidad de que la persona facilitada crezca de manera constructiva y se muestre a sí misma más auténticamente.
La segunda condición actitudinal para la creación del clima psicológico adecuado para el crecimiento y la eficacia la constituyen la aceptación, el aprecio o la consideración positiva incondicional. Cuando el facilitador consigue sentir una actitud positiva y de aceptación hacia la persona facilitada es más probable el crecimiento y el cambio. Se trata de disponernos a aceptar que la persona facilitada pueda experimentar y expresar sus propios sentimientos y que éstos no serán juzgados ni manipulados, sino considerados como parte significativa del organismo.
La tercera condición facilitadora de la relación es la comprensión empática. Consiste en la percepción por parte del facilitador del mundo interno de la persona facilitada con una actitud de escucha profunda y activa para recoger con exactitud los significados personales que experimenta la persona ayudada en el momento y comunicar esta comprensión. Cuando una persona se siente escuchada empáticamente llega a comprender con más precisión el fluir de sus propias experiencias.
Estas actitudes y características del proceso son completamente compatibles con la metodología concreta del compartir que desde hace años se desarrollan en las prácticas de la tradición de Thich Naht Hanh y que son las que los facilitadores del programa ‘’Saber Ser’’ aplican.
Compartir la experiencia.
Durante el tiempo de compartir del Dharma practicamos el habla amorosa y la escucha profunda. Es un tiempo muy especial para nosotros durante el cual compartimos nuestras vivencias, alegrías, dificultades, o preguntas relacionadas con la práctica de la plena consciencia.
Al aprender a hablar de nuestras alegrías y dificultades, contribuimos al entendimiento colectivo dentro del grupo. Cuando compartimos la experiencia, no nos enzarzamos en conversaciones abstractas sobre teorías o textos, sino más bien sólo hablamos de forma directa sobre nuestras propias experiencias. No contestamos, ni interpretamos la contribución del otro, ni nos entrometemos en sus historias, evitando así las réplicas y contrarréplicas. De esta manera, honramos y respetamos lo que cada practicante quiere compartir con nosotros.
Se recuerda que no hay que difundir ningún tipo de información de la cual no estemos seguros, ni juzgar, ni criticar aspectos que desconocemos o de los cuales no estamos seguros. Evitamos palabras que puedan causar discordia o división.
Por medio de la escucha profunda, mientras los otros están hablando, se crea una atmósfera tranquila y receptiva. Conscientes de nuestro propio diálogo interno, evitamos nuestro acuerdo o desacuerdo y ofrecemos a la persona que habla nuestra plena consciencia.
Estando presentes, apoyamos la sanación, la alegría, y el crecimiento espiritual de esa persona y de nosotros mismos.
Todo lo que se habla en el compartir es confidencial. Si un amigo o una amiga comparten con nosotros algún problema, respetaremos su deseo de hablar o no sobre este tema fuera del círculo. Si alguien habla en voz baja, no le interrumpimos pidiendo que hable más alto para evitar no cortar a la persona. En este momento es más importante para él el hecho de hablar que el de hacerse entender.
Algunos comentarios para los facilitadores, extracto de ‘’Cómo disfrutar de tu estancia en Plum Village: una guía para las actividades y prácticas’’ (Por los monásticos de Plum Village):
‘’El compartir del Dharma es una oportunidad para beneficiarse de las experiencias y entendimiento de la práctica de cada uno. Es un tiempo especial para compartir nuestras experiencias, alegrías, dificultades y preguntas relacionadas con la práctica de la plena consciencia. Practicar la escucha profunda cuando otros hablan ayuda a crear un ambiente tranquilo y receptivo. Cuando aprendemos a hablar sobre nuestra felicidad y nuestras dificultades en la práctica, contribuimos a la comprensión profunda (insight) del colectivo de la sangha.
Por favor, habla directamente de tus propias experiencias en vez de enzarzarte en ideas abstractas y temas teóricos. Sabemos que muchos de nosotros compartimos dificultades y aspiraciones similares.
Reconocemos nuestra verdadera conexión entre nosotros cuando nos sentamos, escuchamos y compartimos en grupo.
Por favor, recuerda que todo lo que se comparte durante el tiempo de compartir el Dharma es confidencial. Si un amigo comparte una dificultad que está viviendo, respetamos su deseo de hablar o no sobre ese tema fuera del círculo’’.
Extracto de “Stepping into Freedom (Pisando la libertad). Una introducción para el entrenamiento monástico budista’’ de Thich Nhat Hanh:
‘’Cuando estamos compartiendo el Dharma practica la escucha profunda para entender y aprender de los demás puntos de vista o “insights”. Si quieres contribuir con una aportación que crees que puede ser útil para otros en su práctica, compártela, pero no hables para mostrar tu conocimiento o para discutir el punto de vista de otros practicantes.
No intimides a otros para mostrar tu superioridad intelectual. El objetivo de la práctica de compartir el Dharma consiste en aprender en un colectivo de las experiencias de cada uno de los hermanos y hermanas.
Pide ayuda si te enfrentas con alguna dificultad en algún aspecto de la práctica. Si alguien ofrece un comentario que te es útil, junta las palmas de las manos en gratitud.
Cuando eres el facilitador y el tamaño del grupo lo permite, reserva un tiempo para que cada uno de los participantes se presenten, sobre todo si hay personas nuevas en el grupo.
Después, haz unas breves observaciones a modo de introducción. Si las contribuciones se vuelven muy teóricas, recondúcelos al tema de reflexión original. A veces es necesario recordar a las personas que sus comentarios se refieran a su experiencia con la práctica. Invita a los que no han hablado aún para que compartan si lo desean. De vez en cuando se debería invitar la campana de la plena consciencia. El sonido de la campana subirá la calidad de la práctica de compartir el Dharma. Da las gracias a todos los que han participado antes de concluir la práctica’’.
Notas adicionales.
El facilitador puede animar a todos para que se tomen el tiempo suficiente para expresar sus pensamientos. Pero también tiene que recordar al grupo que sean conscientes de las necesidades de los demás para compartir. Cuando el tiempo es limitado y se trata de un grupo grande, avisa a los participantes que no hablen más de una vez, excepto si todos los que deseaban hablar ya lo han hecho.
A veces es bueno cerrar el compartir con una canción de la práctica, terminando con tres campanadas.
El facilitador puede invitar al grupo a inclinarse juntos en círculo, en gratitud por el apoyo que nos brindamos en la práctica.
Estas sugerencias no se pueden considerar como reglas para el compartir del Dharma. Son meramente pautas y sugerencias. Algunas de ellas pueden no adaptarse a las circunstancias y situaciones individuales de las sesiones de la Sangha.
A partir del 1 de octubre de 2025, se abre un nuevo grupo para este taller. Si estás interesado en profundizar en tu práctica meditativa para que sea una experiencia gozosa, y poder extenderla al resto de áreas de tu vida para vivir en mayor sintonía con tu presente, te esperamos en La Semilla con los brazos abiertos ( y recuerda que la primera clase de prueba es gratuita 😉).

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